Ocho cuentos
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Narración oral por Carolina Rueda Nieto; Videofilmación producida por Zulma Iguina y Eleanor Dozier; Cornell 1995
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I. El Verdugo acercarse: to come near al lado de: alongside, next to aterrado: terrified cadalso: scaffold capucha: hood cercanos y lejanos: near and far cercenar: to cut condenado: condemned conmutar la pena: to reduce the sentence decapitado: beheaded descargar el hacha: strike with the axe detenerse: to stop edicto: edict emperador: emperor fama: reputation fuesen culpables del delito que fuesen culpables: no matter what crime they were guilty of gesto: gesture golpe: blow hueco: hole imperio: empire jinete: a horseman justamente: precisely justo: fair, just lo misterioso era que: what was mysterious was that madero: block of wood nuca: nape of the neck pedregal: rocky ground pueblo: townspeople raro: strange, odd reo: prisoner rodar: to roll sacar: to take out salvado: saved sordo: deaf tarima: platform verdugo: executioner
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I El verdugo Tradición oral Ésta es la historia del emperador que era conocido como el más justo del mundo. En todos los imperios, cercanos y lejanos, conocían a este emperador como el más justo del mundo. Pero había algo raro en esa fama del emperador. Todos los reos, fuesen culpables del delito que fuesen culpables, eran condenados a morir decapitados. Lo misterioso era que todas las cabezas que rodaban por el cadalso sonreían, tenían un gesto así como de satisfacción, como de salvación. La escena era la siguiente: En la mitad de la plaza del pueblo, se instalaba una tarima. En la tarima estaba un verdugo con una enorme capucha negra, y dos huecos en los ojos para mirar justamente la nuca que habría de cercenar. Alrededor, alrededor, se colocaba todo el pueblo para ver si de nuevo ese reo sonreiría. El reo subía las escaleras aterrado. Colocaba la cabeza en el madero para que sólo se necesitara un golpe, y en ese momento, rápido rápido por el pedregal se acerca un jinete, se detiene al lado de la tarima, saca un edicto del emperador, y lee: - Por orden del emperador al reo se le ha conmutado la pena. El reo entonces sonríe, salvado. Pero el verdugo, que es sordo, descarga el hacha.